Todo lo que os vais a encontrar por el camino, en orden: kilómetro a kilómetro, parada a parada. Dónde parar, qué fotografiar, qué cuesta cada cosa y qué conviene saber antes de llegar a cada sitio.
Está montada en orden de marcha: según avanzáis, vais bajando. Cada punto lleva el kilómetro acumulado del día y una hora estimada calculada saliendo a la hora que se indica al principio de cada jornada. Si salís más tarde, desplazad todas las horas por igual.
Las horas incluyen las paradas previstas; los kilómetros son solo de conducción. Los precios están en dírhams (dh) porque es lo que os van a decir allí — el cambio ronda 10,7 dh = 1 €.
Recogéis el coche la noche anterior. Media hora bien empleada aquí os ahorra los tres problemas clásicos: una multa, un depósito equivocado y una discusión al devolverlo.
Salid de la medina sobre las 21:00. No venís de volar: subís al aeropuerto en taxi desde el riad cuando queráis, así que la hora la ponéis vosotros. Y conviene ir con margen, porque la oficina cierra a las 23:00 y entre encontrar al representante y el trayecto en lanzadera se va media hora. Petit taxi desde la medina, 70-100 dh y unos 15-20 min, con el precio acordado antes de subir. Que os deje en llegadas: el representante de Green Motion espera fuera de la terminal con un cartel y os lleva en lanzadera hasta la oficina. Si no veis a nadie, llamad enseguida al +212 623 520 904 o al +212 678 625 467 en vez de esperar.
En agosto Marruecos está en UTC+1 y España en UTC+2. Cuando en Barcelona son las 10:00, allí son las 9:00. El móvil se ajusta solo, pero el cuerpo no: todas las horas de esta página son locales. Jugad a vuestro favor — amanece pronto y anochece tarde, así que salir «a las 7:30» es más fácil de lo que suena.
El día del Alto Atlas: se cruza la cordillera, cambia el paisaje de golpe y se entra en el mundo de las kasbahs de adobe.
Salid con el depósito lleno desde la ciudad, no confiéis en las gasolineras de montaña. La primera media hora es tráfico urbano caótico: motos por todas partes, carriles orientativos. Una vez fuera, la N9 es buena carretera.
Pueblo de montaña donde para todo el mundo a tomar café antes de atacar las curvas. Puestos de fruta y nueces a pie de carretera. A partir de aquí empieza la subida en serio.
El paso más alto del Alto Atlas y el momento en que el viaje cambia de escenario: dejáis atrás el verde y aparece la tierra roja y desnuda del sur. Hay explanadas para parar y miradores señalizados. La carretera está muy mejorada, pero sigue siendo de curva cerrada.
A la izquierda sale la carretera a la kasbah de Telouet, el palacio en ruinas de los Glaoui, los señores que dominaron el sur. Por dentro conserva salones de yeso tallado y azulejos alucinantes en medio de la decadencia. Desde allí se puede seguir por la carretera vieja hasta Aït Ben Haddou (~40 km, asfaltada pero estrecha, por el valle del Ounila): es de lo más bonito de la ruta, pero se va la mañana.
El plato fuerte del día. Un ksar de adobe trepando por la ladera al otro lado del río, con las casas apiladas hasta el granero fortificado de la cima. Aquí se rodaron Gladiator, Lawrence de Arabia y Juego de Tronos. Se cruza el río por la pasarela y se sube por callejones de tierra hasta arriba: 30-40 minutos de subida con cuestas y escalones, más lo que os quedéis mirando.
Arriba, la vista de 360° sobre el valle y el palmeral justifica el sudor. Por el camino hay casas convertidas en tiendas y talleres de pintura con azafrán y té que os invitarán a pasar.
Ciudad tranquila y ordenada, capital del cine marroquí. Con el calor de agosto y el día que lleváis, lo sensato es usarla como parada técnica: repostar, supermercado, baño, y seguir. Si os sobra energía, la kasbah Taourirt está en el centro y se ve en 45 minutos.
De pronto, un palmeral inmenso en mitad de la nada. Dentro se esconde la kasbah Amridil, la más fotogénica de la ruta y tan icónica que salió en los billetes de 50 dírhams. Se visita por dentro: cocinas, prensa de aceite, telares y la terraza. Es una parada corta —45 minutos— y muy agradecida.
Llegáis al valle de las Rosas, donde se cultiva la rosa damascena que perfuma medio Marruecos. El hotel está en alto, con vistas abiertas al valle, y tiene terraza y media pensión: cena casera al aire libre. A 1.460 m, de noche refresca de verdad — llevad algo de manga larga a mano.
Tarde tranquila: piscina no hay, pero sí terraza, té y un valle entero por delante. Es exactamente lo que necesitáis antes de la noche que viene.
Vais a estar en el sitio perfecto en el momento perfecto y probablemente sin saberlo. Ese mismo miércoles hay un eclipse solar total cuyo recorrido pasa por el norte, pero desde Marruecos se ve como un eclipse parcial muy profundo: en la zona de Marrakech el Sol queda cubierto casi un 86 %. Y lo mejor: ocurre con el Sol muy bajo, poniéndose por el oeste, así que se ve un sol en forma de media luna hundiéndose en el horizonte. La luz de la última hora se vuelve rarísima, metálica.
Horas de Marrakech; desde el valle de las Rosas varían pocos minutos. En el máximo el Sol estará a solo 6° sobre el horizonte, al oeste-noroeste: necesitáis vistas despejadas hacia el oeste, y la terraza del hotel mirando al valle es justo eso. Cenad después, no antes.
El día de los cañones: dos gargantas espectaculares por la mañana y las dunas del Sáhara al atardecer.
Aquí se decide el día. Recto seguís hacia Tinghir; a la izquierda sube la carretera que se mete en las gargantas del Dades. El desvío son ~25 km de subida y otros tantos de bajada, más la parada: contad 2 horas largas. Merece la pena.
Subiendo por la garganta pasáis primero por los «dedos de mono», unas formaciones de roca erosionada con forma de dedos gigantes, y llegáis después al tramo estrella: la carretera trazando eses imposibles por la ladera. Arriba hay cafés-mirador con terraza justo encima de las curvas.
Ciudad-oasis alargada con un palmeral verde intenso encajado entre montañas peladas. El contraste desde la carretera alta, antes de bajar, es brutal. Es también el sitio práctico para repostar y sacar dinero si hace falta.
Un cañón donde la carretera y el río se meten por una grieta entre paredes verticales de 300 metros separadas por apenas 10 en el punto más estrecho. Se aparca y se camina por el fondo: no hace falta ninguna caminata seria, con andar 20 minutos ya lo habéis visto. Suele haber escaladores colgando de las paredes y agua corriendo, así que se está fresco incluso en agosto.
Tramo largo y recto por la hamada: desierto de piedra negra, plano hasta el horizonte, sin un árbol. Aquí es donde de verdad notáis que estáis entrando en el Sáhara. Con el calor de la tarde veréis espejismos de agua sobre el asfalto.
Aquí sí que los fósiles son auténticos: toda esta zona fue fondo marino y los talleres cortan y pulen mármol negro con amonites y trilobites incrustados. Se puede entrar a ver cómo trabajan la piedra. Bandejas, mesitas y lavabos preciosos, aunque pesan lo suyo para la maleta.
Golpe de suerte: el zoco de Rissani se monta domingos, martes y jueves — y vosotros pasáis un jueves. No es un mercado para turistas, es el mercado real del Tafilalet: dátiles a montones, especias, herrajes, y el famoso «aparcamiento de burros» a la entrada. Es de lo más auténtico que vais a ver en todo el viaje.
Y de pronto, ahí están: las dunas de Erg Chebbi levantándose de la nada como una cordillera de arena naranja de 150 metros. El hotel está al pie mismo, con piscina mirando a las dunas. Llegáis con tiempo de daros un baño y quitaros el día de encima antes de la mejor tarde-noche del viaje.
El paseo se contrata en el propio hotel el mismo día, no hace falta reservar nada. Salen sobre las 18:30-19:00, son unos 40 minutos a lomo de camello internándose en las dunas, y os dejan en un alto para ver ponerse el sol hacia las 19:55. Suelen rematar con té a la sombra de una jaima.
Si alguien pasa del camello —es incómodo, no lo vamos a negar—, subir andando a la duna grande desde el hotel son 15-20 minutos de esfuerzo real en arena, y la vista es la misma.
Aquí hay otra casualidad enorme a vuestro favor: la luna nueva cae el 12 de agosto, así que la noche del 13 prácticamente no hay luna. Sin luna, sin nubes y sin una sola ciudad en cien kilómetros, el cielo de Merzouga es de los mejores que vais a ver en la vida: la Vía Láctea se ve a simple vista, cruzando el cielo entera.
Y de propina, mediados de agosto son las Perseidas: es muy probable que caigan estrellas fugaces mientras miráis.
El día largo. Se vuelve por otro camino para no repetir paisaje: valle del Ziz, Atlas Medio y meseta. Salir pronto no es un consejo, es el plan.
El sol sale hacia las 06:35 y el amanecer en Erg Chebbi es incluso mejor que el atardecer: la arena pasa de gris a rosa y a naranja encendido en cuestión de minutos, y no hay un alma. Basta con subir a la azotea del hotel o caminar cinco minutos.
Parada técnica y arriba. A partir de aquí el paisaje empieza a subir hacia el norte y las gasolineras se espacian.
Pasado Er Rachidia, la N13 sube y aparece el mirador señalizado sobre el valle del Ziz: una franja de palmeral verde intenso, kilómetros y kilómetros de palmeras encajadas entre paredes de roca rojiza y desierto absoluto alrededor. Es de esas vistas que no se entienden hasta que se ven. Más adelante se pasa la presa Hassan Addakhil y los túneles del Legionario, excavados a pico en los años 20.
A 1.500 m, entre el Alto y el Medio Atlas, y se nota: aquí se respira después del horno del sur. Es la parada clásica a mitad de camino y la ciudad de las manzanas y los minerales.
Se cruza el Atlas Medio por una meseta alta y ventosa, con rebaños, pastores y bosques de cedros a los lados. Paisaje completamente distinto: podríais estar en Castilla si no fuera por las cigüeñas y los cedros.
Ciudad de paso, sin nada que ver, pero buen sitio para estirar las piernas y cambiar de conductor. A partir de aquí el terreno se allana y se rueda rápido.
Ciudad grande al pie del Atlas, rodeada de olivares y naranjos. Última parada útil: gasolina, baño, café doble y afrontar los 140 km finales.
Entráis con luz, que era el objetivo del día. Ojo con el final: Dar HAJAR está dentro de la medina y ahí el coche no entra. Lo normal es dejarlo en un parking vigilado del borde y llegar andando los últimos minutos.
Lo que ya está pagado y lo que vais a ir soltando por el camino. Todo para los cuatro y en efectivo, porque en ruta la tarjeta apenas sirve.
En el sur, la regla es simple: se reposta cuando se puede, no cuando hace falta. Nunca bajéis de un cuarto de depósito.
| Punto | Día | Qué hacer |
|---|---|---|
| Marrakech (salida) | Día 1 | Depósito lleno · imprescindible |
| Ouarzazate | Día 1 | Depósito lleno · última ciudad grande |
| Kalaat M'Gouna | Día 1-2 | Hay servicio; solo si vais justos |
| Tinghir | Día 2 | Buen punto para completar |
| Erfoud | Día 2 | Depósito lleno · antes de Merzouga |
| Merzouga | Día 2-3 | Servicio limitado · no contéis con él |
| Erfoud | Día 3 | Depósito lleno · empieza el día largo |
| Midelt | Día 3 | Repostar · mitad de trayecto |
| Beni Mellal | Día 3 | Lo justo para llegar a Marrakech |
Conducir allí no es difícil, pero tiene sus reglas propias. Estas son las que de verdad importan en esta ruta.